1937 Decreto Voluntariado. Brigadistas Internacionales.

El 16 de enero 1937, la República Francesa traicionaba y abandonaba a la 2ª República Española. El decreto, aprobado por unanimidad en la Cámara francesa, sobre el voluntariado, tiene una capital importancia, no por lo que pueda afectarnos, sino por lo que atañe a los propios franceses. El solo hecho de Que el Parlamento francés tuviera Que aprobar dicho decreto, demuestra evidentemente que en la vecina República ningún gobernante —y ha tenido muchos— se había encontrado ante el caso de tener que tomar precauciones para impedir que sus compatriotas tomasen parte en una lucha en la que se ventila el supremo derecho de los pueblos a vivir y organizarse de acuerdo con sus preferencias temperamentales y psicológicas. El tomar tales precauciones ha representado siempre, y continúa representando hoy también, la más absoluta negación de lo que debería considerarse como sagrado: el ideal representado por los herederos directos de la revolución del 73. (1873)
Nos ha causado más dolor que sorpresa. Esta medida propuesta por el Gobierno socialista francés y aprobada por unanimidad por la Cámara, constituye un nuevo paso que la Europa liberal ha dado por la pendiente de castración y de renunciamientos, creyendo con ello obedecer a un instinto de conservación, que es más bien la negación del mismo y la veleidad del suicidio inconsciente que mina lentamente toda posibilidad de resistencia. A pesar de las explicaciones que han creído necesario dar los sectores políticos que han intervenida en la votación, y a pesar del cable que se ha apresurada a lanzar la Prensa inglesa, no creemos que esta resolución tenga eficacia alguna, ni responda a los objetivos. Todo lo más podrá servir para retrasar lo que ya es inevitable. Si el liberalismo europeo quiere librarse de ser rebasado por el reaccionarismo, envalentonado ahora ante la debilidad, de los otros, es a la democracia francesa a quien corresponde, más que a nadie, el poner una cortapisa a tales pretensiones. Creer que Mussolini o Hitler han de detenerse ante el peso moral de ningún acuerdo, es pensar de un modo infantil. Sólo la barrera firme de los hechos es la que puede detener a los ilusos y a los obcecados, y el pueblo español es quien da ahora el más bello ejemplo con su gesta triunfal en defensa de sus libertades. Precisamente en el momento en que podíamos esperar que, llevadas de su instinto de conservación, las democracias del mundo nos dieran toda clase de facilidades para, alcanzar un rápido triunfo, que es nuestro triunfo, pero también el de ellas. El decreto prohibiendo el envío de voluntarios a España, constituye el punto culminante de toda una serie de claudicaciones que nadie ha de pagar tan caras como los mismos franceses. Pero nosotros podemos levantar la cabeza con orgullo. Once mil de nuestros compatriotas perdieron la vida en los campos de batalla de Francia para defender los gloriosos principios de una democracia que ahora parece olvidarse de nuestro gesto desinteresado.